jueves, 16 de agosto de 2007

Gatos.

...Ayer, un amigo y yo vimos un gato en la piscina y al cabo de un tiempo varios más y esto me recordó una anécdota sobre un gato que me pasó hace tiempo y también he recordado otra más.

...- Una mañana de domingo, estando yo con un chaval, me llamó una amiga para decirme que la abuela de un amigo se había muerto y que en un par de horas hacían su funeral y que como ella no podía ir, que si me iba bien a mí ir para darle al chico apoyo moral. Yo no tuve inconveniente aunque el chaval con el que yo estaba se mosqueó un poco, pero como ya le dije, si él era un amigo tenía que comprenderlo, pues si alguna vez pasaba lo mismo con él, yo dejaría lo que estuviera haciendo por él y dicho esto me arreglé y me fui, ya que tenía que recorrerme toda la ciudad para ir al cementerio.
...Una vez en el mismo, fui a la zona de velatorios para buscar dónde estaba mi amigo y su familia, pero aunque pregunté en el mostrador para localizarlo antes, cuando llegué el velatorio estaba cerrado. Al principio esperé fuera, por si la familia estaba dentro y habían cerrado la puerta ellos, pero como no entraba ni salía gente opté por preguntar sobre la misa - funeral. En el mostrador me dijeron que ya estaban dentro, y como estaba la puerta cerrada me dio palo entrar e interrumpir el óbito, con lo que esperé pacientemente a que acabara. Se me hizo muy largo hasta que vi cómo una señora de la limpieza se dirigía a la puerta y entraba tan normal, cosa que me extrañó y me acerqué a mirar. Resulta que tras la misa, no se salía por la misma puerta, sino que estaba otra abierta, supongo que desde la misa, se llevaban el féretro y se cargaba mejor desde allí, con lo que me tocó buscar la procesión por todo el cementerio, pero no tuve suerte.
...Al final, cuando me cansé, decidí volver a casa y llamar al chaval, pero no me cogía el teléfono y le dejé mensaje y la anécdota viene cuando, atravesando una zona del cementerio, en un pequeño talud donde hay un templete pequeño de decoración, había un majestuoso gato negro, en pose similar a la del templo de los gatos, en el que estos animales hacen de esfinges, y sin apenas moverse, se me quedó mirando un largo rato y yo a él. Al cabo de un poco, el gato, se enderezó majestuosamente, levantó un poco la cabeza y la inclinó como si de una reverencia se tratars, pasó por detrás de una columna y desapareció y por mucho que miré hacia el templo y los alrededores, no pude localizarlo.

...- Otra anécdota con un gato me pasó en el pueblo de Rosselló de Segrià, a 9 km. de Lérida, sonde iba de pequeña todos slos veranos a pasar una temporada con mi tía - abuela (hermana de mi yaya materna). Una tarde que subí a la era que se hallaba cerca de la casa de mi tía - abuela, donde vivían cerca unas amigas que iba a ver si estaban en su casa para quedar, oí gritos de chicos, mucho ruido y algo similar a rugidos.
...Me acerqué cautelosamente y vi, a lo lejos, como varios de los chicos más gamberros del pueblo, estaban quemándole la cola a un gato, bueno, iontentándolo, ya que le daban vueltas e intentaban prenderle la cota, pero el gato se retorcía bastante y no les había dado tiempo aún. Sólo de verlo me entró tal rabia que hice el mejor sprint de mi vida, agarré al gato al vuelo y seguí corriendo como alma que lleva el diablo, tanto es así, que aunque los chicos me gritaron y alguno salió corriendo tras de mí, no lograron atraparme y callejeando los despisté.
...Una vez me tranquilicé y mi corazón volvió a su ritmo, fui de nuevo hacia la era por otro camino, para asegurarme de que los chavales ya no estaban y así era. Me quedé con el gato en el ragazo junto al portal de mis amigas acariciándole el lomo y le di algo de jamón de york del bocata que mi tía - abuela me había hecho para merendar. El gato se quedó dormido encima mío hasta que consideré que ya era algo tarde y tenía que volver a casa de mi tía - abuela. Dejé al gato en el suelo y me dispuse a ir pero el gato se me quedó mirando y comenzó a seguirme. Me despedí de él con unas cuantas carantoñas en la puerta de casa y allí lo dejé.
...Lo mejor de la anécdota fue que, hasta que volví a Zaragoza, todas las tardes el gato estaba en la puerta de la casa esperándome y me seguía fuera con quien fuera hasta que entraba en un bar o salía fuera de la linde del pueblo y se quedaba esperando hasta que volvía y me acompañaba de nuevo a casa. Supongo que aquel gato, blanco con anillos marrones - anaranjados en la cola, me agradecía así mis cuidados, cuidando él de mí y acompañándome y, así, de paso, él también sabía que estaba protegido ya que le volvería a defender a capa y espada como si fuera un caballero o un paladín.